Cómo reducir los impagos o minimizar su efecto en tu balance

Fuente: Freepik.
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Aunque la crisis económica derivada de la Covid-19 no es financiera, las empresas corren el peligro de que el parón de actividad de muchos de sus clientes afecte al flujo monetario. Las consecuencias de este desbordamiento pueden ser el alargamiento de los plazos de pago de los clientes y, finalmente, la aparición de los temidos impagos.

Según una nota informativa de Intrum, uno de los líderes europeos en prevención y gestión de impagos, a finales de octubre cuatro de cada cinco empresas españolas reconocía que había ampliado sus plazos de pago para mantener una buena relación con sus clientes.

Además, el panorama se puede complicar en unos meses porque que los créditos asociados a las líneas ICO desplegadas por el Gobierno empiezan a caducar a partir de marzo de 2021, lo que podría llevar a un cierre de la financiación en muchos casos y a la caída de miles de empresas.  

Tradicionalmente, en España se han solido alargar los plazos de pago que fija la ley (60 días naturales para el sector privado y 30 días para el sector público). Y estos momentos la situación incluso empeora estas medias. Según Intrum, en la actualidad casi la mitad de las empresas españolas está convencida de que habrá un aumento de los impagos en los próximos 12 meses, mientras que en 2019 el porcentaje de empresas que temían esta circunstancia era sólo del 10%.

En este escenario de incertidumbre, los expertos recomiendan a las compañías tomar medidas de precaución y mantener controlados los niveles de morosidad e impago. Estas son algunas de ellas:

  • No vayas a tientas. Informáte del riesgo de morosidad de tus clientes. No te fíes de las apariencias. Conocer la salud financiera de tus clientes redundará al final en tu balance. Existen empresas como Crédito y Caución que tienen los historiales crediticios de muchas compañías del territorio español. También existen portales como Einforma que te permiten conocer el estado financiero de tus clientes.
  • Exige el pago por adelantado si es posible. Es complicado hacerlo con muchos clientes, por la situación en la que están. Además, puede minar la relación que se tiene con esas empresas. Pero, siempre que se pueda, debería ser una de las primeras medidas a tomar.
  • Todo por escrito y muy claro. Es muy fácil acordar condiciones de pago por viva voz, pero lo mejor es tenerlo todo escrito y de forma cristalina. El contrato es clave para reducir el riesgo de impago. Si reúne los requisitos legalmente exigidos, el deudor se verá más obligado a asumir lo pactado.
  • Sé proactivo en el cobro. Hay que adelantarse a los acontecimientos y exigir los cobros de las facturas cuando tocan. Por ejemplo, unos días antes del vencimiento de la factura, conviene comprobar que el cliente la tiene y que es correcta, confirmando que el pago se hará en los plazos acordados.
  • Pon un límite de riesgo a cada cliente. Hay que establecer una cantidad máxima de crédito a cada cliente con el que tratamos. Precisamente, gracias a esos límites luego se evitarán pérdidas elevadas si finalmente aparecen los impagos.
  • Un seguro que nos respalde. En el mercado existen diversos tipos de seguros contra impagados que minimizarán los problemas de cobro si finalmente aparecen.  
  • Cuidado con las empresas recién constituidas. Son muchas las empresas en España que desaparecen al cabo de unos años de su fundación. Por lo tanto, se puede decir que las firmas noveles suelen estar entre las de mayor riesgo de impago.
  • Medio pago al contado. Medidas tan simples como establecer una parte del pago al contado nos ayudarán a asegurarnos de empezar a cobrar la factura y a ganar liquidez al momento.
  • Pago a plazos. Si no podemos cobrar todo lo debido de una vez, podemos ofrecerle al cliente con problemas la opción de que pague poco a poco. Es una opción interesante, pero hay que tener en cuenta unos intereses de demora.
  • Hay que tener una estrategia clara de actuación. Cuando se produzca un impago o un retraso en el abono de una factura, conviene desplegar siempre el mismo protocolo, que puede consistir en avisos, plazos, reclamaciones, apercibimientos…

 

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