El sector ante el difícil reto de atender la demanda mundial de chips

Un procesador adherido a una placa base.
Un procesador adherido a una placa base.

La Covid-19 ha cambiado muchas cosas y ha hecho aflorar muchas anomalías y disfunciones en sectores de actividad de todo el mundo. Uno de ellos es el tecnológico, donde la pandemia ha recrudecido un problema que ya llevaba años enquistado: el de la escasez de componentes, y sobre todo de procesadores. Es lo que algunos, con buena mano para el drama, han llamado el “chipageddon”.

El fenomenal boom de la demanda mundial de ordenadores y de todo tipo de periféricos para hacer teletrabajo y seguir las clases desde casa, como obligaban las medidas anticovid, ha puesto contra las cuerdas las cadenas de producción de componentes, que están sobre todo situadas en países asiáticos como China, Taiwán o Corea del Sur.

Además, para empeorar el panorama, la demanda de procesadores cada vez es mayor en sectores que no tienen que ver con las TI, como la automoción o la industria. Hoy un coche carga decenas de chips para hacer funcionar correctamente sus sistemas de seguridad, entretenimiento o información. No hay que olvidar que los chips son básicos hoy en cualquier dispositivo de la vida cotidiana, y que, a medio plazo, los despliegues de IoT para hacer más inteligente la conducción en las carreteras o para hacer realidad las smart cities seguirán desbordando una demanda para la que difícilmente habrá respuesta. De hecho, el chipageddon transcendió a la opinión pública cuando marcas como Nissan, BMWo Ford reportaron problemas de suministro y en algunos casos empezaron a ensamblar sus vehículos sin algunas funcionalidades o directamente rebajaron la actividad de sus fábricas

El mismo presidente de IBM, Jim Whitehurst, comentó recientemente que la escasez podría mantenerse otros dos años, lo que tendría consecuencias no deseadas. En este sentido el directivo ha explicado que su empresa, por ejemplo, tendría que buscar fórmulas alternativas para satisfacer la demanda de los consumidores. “Tendremos que considerar la reutilización, extender la vida útil de ciertos tipos de tecnologías informáticas, así como acelerar la inversión en estas para poder obtener más capacidad en línea lo más rápido posible".

La solución llegará a largo plazo

Como avanza Whitehurst, el problema tiene difícil solución a corto plazo porque una fábrica de procesadores no se improvisa. Se necesitan meses para simplemente cambiar la producción en una factoría existente, y años y miles de millones de euros de inversión para levantar una desde cero. Hay una treintena de categorías de chips y en su fabricación pueden entrar más de 300 componentes distintos que requieren de ingeniería de muy alta precisión.

Los expertos insisten en que se necesitarán varios ejercicios para equilibrar la oferta y la demanda de estos componentes, un problema que, como decíamos más arriba, se venía arrastrando desde antes de la irrupción de la Covid-19. Un documento de la patronal de estadounidense de los semiconductores (Semiconductor Industry Association, SIA) sostiene que para remotar el vuelo en la próxima década este sector tendría que duplicar la producción si quiere satisfacer una demanda que crece a un ritmo anual que va del 4% al 5%.

Además, hay un problema añadido. Y es que el "chipageddon" ha descubierto un profundo desequilibrio mundial por el lado de la fabricación. En las últimas décadas se ha enquistado una excesiva dependencia europea y estadounidense de las factorías de Asia y de países como Taiwán, China, Corea o Japón. Por eso es muy probable que la escasez de microprocesadores y componentes en general se convierta en otro de las escenarios de la guerra comercial y estratégica que libran Estados Unidos y China, al estilo de lo que ha pasado con el 5G.

Desequilibro mundial en la fabricación

En 1990 Estados Unidos acaparaba el 37% de los chips que se consumían en el mundo, mientras que en 2020 era sólo el 12%, y las previsiones apuntan a que caerán incluso hasta el 6%. Al contrario que China, que a lo largo de la próxima década incorporará un 40% de la nueva capacidad.

Oblea para la fabricación de chips.
Oblea para la fabricación de chips.

Por eso el Gobierno de presidente estadounidense, Joe Biden, ya está ofreciendo incentivos para atraer inversiones y asegurar una alta capacidad de producción con la construcción de fábricas en estados como Arizona o Texas. La patronal estadounidense los semiconductores (SIA) cree que es obligatorio para evitar una crisis como la actual diversificar la cadena de suministro. Aunque no ignora que habrá problemas, como el de los costes. Y es que instalar una fábrica de obleas en Estados Unidos es entre un 25% y un 50% más caro que hacerlo en Asia, debido sobre todo a las ayudas estatales de los gobiernos de la zona.

Europa también tendrá que afrontar este problema de dependencia, puesto que solo cuenta con un 10% de las sedes de compañías del sector, y el mismo porcentaje de marcas fabrica en el viejo continente. Mientras que consume un 20% de todos los chips que se producen a nivel planetario. Para España y sus socios comunitarios, el reto también es mayúsculo.

 

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